El presidente anuncia que decretará el luto oficial en cuanto toda España alcance la fase 1 y se organizará un homenaje a las víctimas cuando el país entre en la «nueva normalidad»

Juanma Romero ( Redactor de El Confidencial )


«Nadie acierta siempre. Pero sí puede haber errores absolutos. Levantar estado de alarma ahora sería un error absoluto«. Pedro Sánchez dejaba ese aviso lapidario, especialmente dirigido al PP, en el arranque del pleno por el que solicitaba la autorización al Congreso de una cuarta prórroga del estado de alarma. Un remasterización del «estado de alarma o caos» que lanzaron sus ministros en los últimos días. Con una diferencia: el presidente subió este miércoles a la tribuna con los apoyos ya amarrados, de sobra, al trenzar un acuerdo con Ciudadanos, con el PNV —que le supone ceder más poder a las comunidades autónomas del plan de cogobernanza previsto— y Coalición Canaria. El sentido del voto del PP resultaba ya irrelevante.

Sánchez dirigió ese aviso desde los primeros minutos del pleno en el Congreso, seguido de un doble anuncio: cuando la mayor parte del país esté en fase 1, el Gobierno, dijo, declarará el luto nacional —una demanda que lleva haciéndole el PP semanas— y, cuando se den las condiciones de salud pública y España haya transitado a la nueva normalidad, se celebrará un homenaje a las víctimas de la pandemia del coronavirus, y así se lo ha trasladado ya al Rey. El anuncio llegaba instantes después de que la Cámara se uniese en un minuto de silencio solicitado por la presidenta, Meritxell Batet. Otro gesto, porque en el debate de la última prórroga fue Pablo Casado quien lo promovió.


Sánchez se afanó en su intervención inicial [aquí en PDF] en defender la necesidad de la alarma para poder contener la propagación del covid-19 en un momento en el que la amenaza no se ha extinguido. De ahí que reiterara que levantarlo antes de tiempo sería un «error absoluto«, «total», que su Gobierno no cometerá. Es necesario el estado de alarma, una herramienta «constitucional» y legítima, para «limitar la movilidad» y evitar que el virus se desplace «sin control», como un «escudo frente a la propagación de la epidemia«. Es el primer argumento que ha esgrimido el Ejecutivo estos días: no hay otro instrumento para restringir los movimientos de los ciudadanos, la circulación entre provincias o el derecho de reunión. La legislación ordinaria, apunta el Gobierno especialmente frente al PP, no basta.

Sánchez alega que necesita la alarma para que se pueda limitar la movilidad y el derecho de reunión, y así poder seguir conteniendo el virus

«No es un ardid para limitar libertades. Los derechos constitucionales están intactos. Los protegen los tribunales, la prensa. No hay una sola libertad vulnerada, solo el derecho de circulación y de reunión para garantizar vidas. No hay otro interés que salvar vidas y culminar el esfuerzo», alegó el presidente. «Vidas extremeñas y catalanas, vidas andaluzas y vidas gallegas, vidas de izquierdas y vidas de derechas. Vidas en definitiva, señorías, de compatriotas». Lo que está en juego, esgrimió, es «si rompemos filas o descendemos gradualmente» hasta la «nueva normalidad», si se continúa hasta el final de la montaña «con unidad o el sálvese quien pueda«. Y esa disyuntiva «es una opción no solo política sino también moral». El líder socialista, pues, estaba apuntando a las «implicaciones éticas» del voto.

Sánchez no precisó cuánto tiempo más será necesario preservar el periodo de excepción. Sí que se precisará mantener «unas semanas más» las restricciones para controlar la enfermedad, porque España «no ha llegado a la meta», aunque esté algo más cerca. Y no se ha alcanzado ese punto por «azar», sino por el sacrificio de todos los españoles y porque el estado de alarma ha funcionado para contener la expansión del coronavirus. «No priven al Gobierno de un arma jurídica imprescindible. Voten a favor de la renovación del estado de alarma», exhortó a la Cámara, poco antes de que subiera a la tribuna un Casado más duro que nunca y que enlazó una acusación tras otra —»Usted es el caos»— para anunciar su abstención.

Por tanto, la desescalada deberá ir acompañada de restricciones. «Menos severas, pero seguirá habiendo restricciones, y necesitan del estado de alarma. Debemos ser cautos», subrayó, para seguir «cegando las vías de contagio del virus». Por tanto, el Ejecutivo continuará limitando el derecho de libre circulación y de reunión para «garantizar otros dos derechos», el de la salud pública y el de la vida, argumentación que por cierto usó el Tribunal Constitucional en un reciente auto al que citó el Consejo de Ministros este martes en su escrito de solicitud de prórroga.