Como viene siendo habitual en el Gobierno social-comunista que
preside nuestro país, los cambios de criterio son la tónica
habitual.
Uno de ellos ha sido el idear la “desescalada por territorios”, lo
que no es otra cosa que una cesión al chantaje y a las presiones
de los nacionalistas e independistas del PNV y de ERC.
La prioridad de Sánchez es prorrogar el Estado de Alarma para
perpetuar su poder y su puesto y para eludir, de paso, el control
del Parlamento.
No importa si para ello hay que ir cambiando los objetivos, los
criterios, seguir con la opacidad en las decisiones y crear crisis
internas dentro de su propio partido y de sus socios de gobierno.
Ante este mercadeo, en el que se anteponen los criterios
políticos a los sanitarios, querría poner de relevancia la
negociación que Sánchez está llevando con los independentistas
catalanes.
ERC , que no puede desvincularse de las presiones del Sr. Torra
situado en votar “no”frente al Estado de Alarma, exigió a cambio
de su abstención un desconfinamiento asimétrico donde el
mando único en la gestión del COVID-19 quedara
descentralizado. Con ello, debería devolver todas las
competencias a la Generalitat, además de permitir flexibilizar el
uso del superávit que tienen los ayuntamientos y fijar un
calendario para reanudar las negociaciones bilaterales en el
“conflicto político” catalán.
Mientras tanto, el Gobierno catalán, en lugar de preocuparse por
lo que es en estos momentos lo realmente vital e importante,
sigue inmerso en su locura independista.

El Sr. Torra, en el último pleno del Parlament, insistió en que la
“nueva normalidad debería culminar en un estado
independiente”. Este mismo señor, días atrás, aseguró, que si
Cataluña hubiera sido independiente, en Cataluña hubiera
habido menos muertos, y en la televisión pública catalana,
pagada por él, se situó el origen del coronavirus en Madrid.
El Sr. Miquel Buch, Conseller de Interior de la Generalitat, ha
solicitado al Ejecutivo que en Cataluña se permitan las
manifestaciones, eso sí, manteniendo medidas de seguridad.
¿Y para qué?.
A finales del año pasado y durante tres largos meses, los CDR
(Comités de Defensa de la República), con el beneplácito de
todas las autoridades catalanas, cortaban cada día de 20:00 a
22:00 la avenida Meridiana, principal arteria de entrada a
Barcelona, pidiendo la libertad de los políticos presos ( que no
presos políticos).
El caos, la violencia, y al final, el vandalismo y la violencia fueron
en aumento.
Estas protestas independentistas han vuelto a reiniciarse desde hace
unos días , y, además, ya se están organizando otros actos del
mismo calado.
El Conseller muestra su indignación porque todavía el Sr. Sanchez
no le ha dado autorización.
No, los que estamos indignados somos nosotros, los ciudadanos,
viendo como por ocupar una silla este gobierno se vende al
mejor postor. Estamos indignados los catalanes cuando vemos
que nos les importa lo que aquí estamos viviendo los que nos
sentimos españoles y catalanes.
Suma y sigue.