Compartimos un artículo de opinión de María, una persona católica que quiere denunciar con nosotros su punto de vista sobre la situación de los católicos que se sienten privados de asistir a los actos religiosos, por culpa de lo que califica «pésima» gestión del gobierno por atender a los católicos y sobre todo por no respetar la libertad religiosa y de culto.

Duele esta situación adversa que nos está tocando vivir por el Covid-19 que tantos fallecidos, enfermos, aislados, encerrados,… está dejando.
Para los no creyentes en Dios además crea una sensación angustiosa de desesperanza y de oscuridad en el alma. No tienen donde agarrarse.
Los creyentes en cambio tenemos la fé, la esperanza y la caridad. Y tenemos a Cristo mismo que se quedó con nosotros en la Eucaristia, en las formas consagradas.
Pero, por lo menos en Madrid, nos han obligado a prescindir de asistir a la Santa Misa, de poder recibir sacramentalmente a Cristo, de poder recibir el Sacramento de la reconciliación o del perdón y además han obligado a cerrar las iglesias.
Con profunda humildad hemos obedecido y hacemos oración en casa, vemos por la televisión la Santa Misa y recibimos a Cristo espiritualmente.
Todo esto que nos duele y que nos hace sufrir, los creyentes lo transformamos en ofrenda. Por los que sufren, por los que lo pasan peor y por los pecadores, que lo somos todos, como forma de expiación.
Sin embargo, duele más ver como nuestra iglesia, la de Madrid, mira y considera más a los representantes políticos regionales y locales que a los miles de creyentes madrileños sedientos de Dios y de los sacramentos.
Consideran a los representantes políticos como representantes también en el ámbito religioso.
¿No estamos en un estado aconfesional?
Además de que esos representantes políticos son los que autorizan que la policía municipal se presente en las iglesias donde se está rezando, entrando ilegalmente en mitad de una celebración u oración, impidiendo que se continúe con la oración de los fieles, impidiendo a los sacerdotes realizar su tarea y obligando a cerrar la iglesia y exigiendo documentación como si fueran unos delincuentes.
Duele ver que en la emotiva Misa funeral por los fallecidos por el virus nos han dejado olvidados en nuestras casas, sobre todo a los familiares de los fallecidos y convoquen a la Misa a los dos representantes políticos que han utilizado a las fuerzas de seguridad para echarnos de nuestros templos.
Duele.

Artículo de una lectora nuestra.