Españoles somos llamados a las urnas por cuarta vez en cuatro años este domingo 10 de noviembre, la fecha elegida por nuestro presidente en funciones, Pedro Sánchez.

Hemos tenido una campaña movida y polarizada como la de abril, pero esta vez con algunos temas fundamentales que están moviendo el tablero político y condicionando la campaña: Cataluña, el paro, la inmigración ilegal y la inseguridad ciudadana.

Vivimos tiempos recios, como me decía un sacerdote, y más que nunca los cristianos tenemos que alzar la voz contra las injusticias y las manipulaciones por parte de los medios masivos de información. Hay muchos intereses económicos en muchos temas de calado ideológico: aborto, maternidad subrogada, eutanasia, ideología de género… y muchos los asume la izquierda con la pasividad en muchos casos, de la derecha. El lector avezado sabe a qué partidos me refiero.

Por otro lado, otro tema acuciante es la demagogia y la caridad mal entendida que se está practicando con los migrantes. Es injusto dar un trato de favor a unos frente a otros. Y discriminar a españoles por el hecho de serlo frente a los que vienen de fuera. España tiene que ser un país de acogida, como nos recordaba el Papa Francisco en la jornada internacional del migrante, pero a la vez, debemos de poner cabeza y atender al gran problema de natalidad que hay, promoviendo una cultura de la vida y de apoyo a la mujer embarazada.

El otro día leía en ‘El Economista’ que hay cincuenta escuelas en Holanda que adoctrinan en la rama más radical del islam, el salafismo, que inculca en el odio a los que no comparten este modo de entender el islam, siguiendo al pie de la letra el Corán, y permitiendo incluso ejercer la violencia a cualquiera que ose poner en tela de juicio este modo de entender la religión islámica. Ante esto, me viene esta pregunta:

¿Vamos a permitir el fomento del adoctrinamiento islámico radical en nuestro país?.

Sin ir más lejos hace unos días, Rocío Monasterio (portavoz de Vox en la Comunidad de Madrid) alertaba que ya se está promoviendo este islamismo radical en una mezquita de Parla, un municipio de la Comunidad de Madrid; al igual que se está inoculando el nacionalismo xenófobo independentista en las escuelas de Cataluña, y denunciado también casos de imanes (líderes religiosos islámicos) que siguen la doctrina salafista.

En esta batalla ideológica en la que estamos inmersos en nuestra sociedad, todos somos susceptibles de ser manipulables, por eso es importante que los pilares básicos de la sociedad estén salvaguardados. La familia es uno de ellos, y hay que preservarla para que se fomenten los valores de convivencia democrática y pensamiento crítico.

Finalmente quiero acabar mi disertación sobre qué actitud tenemos que tomar ante el vendaval que estamos viviendo de ideologización sectaria de la sociedad apelando al sentido común de todos los españoles de bien.

Y concluyo con unas palabras del primer ministro Winston Churchill en el periodo de la II Guerra Mundial que asoló a Europa. “La democracia es un sistema imperfecto, pero es el sistema que nos hemos dado para evitar una dictadura”.